Cómo expresa Dios su paternidad

Cómo expresa Dios su paternidad

El deseo de relacionarse con nosotros es una de las maneras de demostrarnos que Dios es nuestro padre. Observe cómo las primeras palabras del Padrenuestro pasan de su paternidad a su santidad: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt 6.9). En una frase, Cristo nos enseña que podemos tener una relación personal con Dios, aunque sea santo y perfecto. Esta oración tiene un sentido de transparencia, que indica una relación cercana y de confianza. Podemos pedirle a nuestro Padre que cubra nuestras necesidades diarias y perdone nuestros pecados; también podemos pedirle que nos dé el poder de perdonar a quienes pecan contra nosotros.

Guardar silencio ante Dios nos permite sentir su presencia, y cuanto más nos acerquemos a Él, más nos revelará quién es. También comprenderemos mejor su deseo de comunicarse con nosotros y de demostrarnos su amor. Y podemos confiar en que nos escucha. Si no fuera así, ¿por qué habría dicho el Señor Jesús: “Pedid, y se os dará” (Lc 11.9)?

El amor incondicional de Dios, la mayor expresión de su paternidad, es el mismo tanto para aquellos que lo aceptan como para quienes lo rechazan. Pero, por desgracia, quienes rechazan al Señor se posicionan de una manera que no pueden disfrutar de su amor divino. Pero quienes siguen a Cristo permanecen bajo el cuidado y la protección incondicionales de Dios, accesibles del todo (Jn 15.9-11).

El Señor promete estar con nosotros para siempre (Jn 14.16-18). ¡Qué maravilloso es tener un Padre que nos conoce de verdad, que nos habla y que nos ofrece un amor incondicional que no tendrá fin!

Ustedes deben orar así:
Padre nuestro que estás en el cielo:
Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios.
Ven y sé nuestro único rey.
Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo.
Danos la comida que necesitamos hoy.
Perdona el mal que hacemos, así como nosotros perdonamos a los que nos hacen mal.
Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti, y líbranos del poder del diablo.
– Mateo 6:9-13

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