La perspectiva correcta

La perspectiva correcta

La manera en que percibimos nuestras situaciones tienen, con frecuencia, un impacto mayor en nuestra vida que la situación misma. Usted quizás haya visto en diferentes personas. Unos pasan por tratamientos médicos debilitantes pero con tal confianza en Dios, que el contentamiento y el gozo eclipsan el sufrimiento, mientras que otros se vuelven ansiosos y resentidos.

El apostol Pablo, aunque no había cometido ningún delito, se encontraba encerrado en la cárcel injustamente. Pero a pesar de eso, sabía que no tenía nada que perder. Si César decidía ejecutarlo, iría a estar con Cristo, y esa era una opción mucho mejor a los ojos de Pablo. Si, por otro lado, Dios le permitía vivir, entonces podría continuar una vida entregada y fructífera para Dios. Su conclusión fue: “Para mí, el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21).

Cuando nos arrepentimos de estar alejados de Dios y creemos que Jesucristo es el único Señor y Salvador, la afirmación de Pablo también es verdadera para nosotros. Nuestra vida estará muy ligada a nuestro Salvador, y nada podrá separarnos de Él, ni siquiera la muerte.

La palabra circunstancia viene de dos raíces latinas que significan “alrededor” y “estar de pie”. Por consiguiente, nuestras circunstancias son las cosas que nos rodean, pero Cristo es la persona que mora dentro de nosotros. De manera que Él se enfrenta a todo lo que se nos presenta. Nuestras situaciones difíciles y dolorosas son una invitación a dejar que Cristo brille a través de nosotros. Cuando Él es nuestra vida, no tenemos nada que perder. Así que, debemos poner los ojos en Jesús mientras nos guía a través de lo que está por venir.

“cuando sepa que, por medio de las oraciones de ustedes, y con la ayuda del Espíritu de Jesucristo, pronto saldré de la cárcel. Espero firmemente no hacer nada que pueda avergonzarme. Al contrario, sea que yo viva o muera, quiero portarme siempre con valor para que, por medio de mí, la gente hable de lo maravilloso que es Cristo. Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo ganando. En realidad, no sé qué es mejor, y me cuesta mucho trabajo elegir. En caso de seguir con vida, puedo serle útil a Dios aquí en la tierra; pero si muero, iré a reunirme con Jesucristo, lo cual es mil veces mejor. Pero yo sé que ustedes me necesitan vivo. Por eso estoy seguro de que me quedaré, para poder ayudarlos a tener más confianza en Dios y a vivir felices. Así que, cuando yo esté otra vez con ustedes, tendrán más motivos para alabar a Jesucristo.” – Filipenses 1:19-26

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