La revelación de Dios

La revelación de Dios

Los tiempos en que vivimos pueden dejarnos conmocionados e inseguros. No podemos saber lo que sucederá mañana —la economía podría colapsar o podría ocurrir un desastre natural. Sin embargo, siempre podemos contar con la revelación de Dios, Su Palabra. Ese es nuestro fundamento seguro en este mundo.

La Biblia es única porque es la revelación divina de Dios. En las Sagradas Escrituras, el término revelación se refiere a algo que Dios ha dado a conocer a la humanidad: información que nunca podríamos descubrir por nosotros mismos. Por ejemplo, como ningún ser humano estuvo presente en la creación, la única manera de saber lo que sucedió es gracias a que Dios lo indicó en el libro de Génesis.

El proceso por el cual la Biblia fue escrita se llama inspiración. Dios usó a seres humanos para registrar sus pensamientos. No los puso en trance, sino que su Espíritu se movió en ellos mientras escribían sus verdades, usando su propia personalidad, estilo y vocabulario.

Hoy, cuando leemos las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo es el que puede iluminar nuestras mentes para que podamos entender lo que significa cada pasaje. Entonces, la Palabra de Dios se vuelve como una “lámpara que alumbra en lugar oscuro”, dándonos luz proveniente de su Autor, Dios mismo (2 P 1.19).

Una razón por la cual muchos a menudo rechazan o encuentran fallas en la Biblia es porque no la entienden. La verdad es que no pueden entenderla porque no tienen al Espíritu Santo (1 Co 2.14). Pero si pertenecemos a Cristo, su Espíritu nos enseñará la Palabra de Dios siempre y cuando se mantenga fiel para leerla y estudiarla. Entonces tendrá una base segura en tiempos difíciles.

Por eso estoy completamente seguro de que el mensaje de Dios que anunciaron los profetas es la verdad. Por favor, préstenle atención a ese mensaje, pues les dirá cómo vivir hasta el día en que Cristo vuelva y cambie sus vidas. Pero, antes que nada, deben saber que ninguna enseñanza de la Biblia se puede explicar como uno quisiera. Ningún profeta habló por su propia cuenta. Al contrario, todos ellos hablaron de parte de Dios y fueron guiados por el Espíritu Santo.
– 2 Pedro 1:19-21 (TLA)

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