La verdadera convicción

La verdadera convicción

La convicción es la mano amorosa de Dios que nos trae de regreso al camino que lleva a la vida. Para comprender mejor el concepto, imagínese a un padre cuyo hijo pequeño comienza a perseguir una pelota en una calle muy transitada. El joven solo tiene un deseo en ese momento: recuperar el juguete. El padre, sin embargo, sería negligente si no detuviera al niño.

Nosotros, como el niño pequeño en este ejemplo, vemos nuestra vida desde una perspectiva limitada. Si nuestro Padre celestial nos impide alcanzar un deseo, debemos recordar que lo hace por el amor que nos tiene.

El Espíritu Santo revela nuestros errores para ayudarnos a reconocer que necesitamos el perdón de Dios Padre. Cuando aceptamos el sacrificio que hizo Jesucristo por nosotros y decidimos seguirlo podemos nacer de nuevo. Solo entonces somos libres del castigo del pecado. Al mismo tiempo, seguimos siendo humanos y tomaremos decisiones equivocadas. Por tanto, aun después de que somos sus hijos, Dios continúa redirigiéndonos.

Convicción es diferente a condenación. Recordemos que “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Jn 3.17). Entonces, aunque los creyentes a veces pecaran, son perdonados por el sacrificio de Cristo, y libres de condenación (Ro 8.1).

Cuando venga el Espíritu Santo, él les dirá lo que es la verdad y los guiará, para que siempre vivan en la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que oiga de Dios el Padre, y les enseñará lo que está por suceder. – Juan 16:13 (TLA).

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