Un despliegue de la gracia

Un despliegue de gracia

Nuestro Dios santo es tan perfecto que ningún hombre o mujer puede mirarlo y después vivir (Ex 33.20). El problema tiene que ver con nuestra naturaleza pecaminosa: todos tenemos el deseo innato de rebelarnos contra su autoridad (Ro 3.10). Cualquiera que piense de otra manera se engaña (1 Jn 1.8). Es importante entender que Dios odia el pecado. Él no puede dejar que el mal permanezca en su presencia, por lo cual pronunció una sentencia de muerte sobre los pecadores (Ro 6.23).

Las Sagradas Escrituras también nos dicen que Dios es amor (1 Jn 4.8), y desea que todos pasemos la eternidad con Él. Sin embargo, eso no anula el problema de nuestro pecado y el castigo que merecemos.

El Señor no puede violar su propia naturaleza. Aunque Dios ama a la humanidad, su santidad se vería comprometida si permitiera la inmundicia del pecado en su presencia. Así que el Padre hizo un camino para limpiar los corazones sucios y transformar las vidas descarriadas: puso el pecado de toda la humanidad sobre los hombros de Jesucristo.

El Padre envió a su Hijo santo para ser un sacrificio perfecto a nuestro favor. En otras palabras, Cristo tomó nuestro pecado sobre sí y murió en la cruz en nuestro lugar. Al arrepentirnos sinceramente delante del Padre Celestial de nuestro pecado y rebeldía; y confiar en Jesucristo como nuestro Salvador, recibiremos su perdón y seremos hechos nuevos (2 Co 5.17).

Todo lo anterior se resume en una frase: La gracia de Dios.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
-2 Corintios 5:17

Compartir...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter